La Cámara de Diputados convirtió en Ley un proyecto promovido por el Senado que extiende de 50 a 70 años los derechos de las discográficas sobre las grabaciones editadas, una medida con claroscuros.
Bajo el cobijo de la nueva Ley el material discográfico que iba a pasar a dominio público vencido el plazo de 50 años desde su publicación original perdurará en manos de sus propietarios originales por dos décadas más. Esta disposición tiene como aspecto positivo que quedarán a resguardo de la piratería o de otro tipos de ediciones ilegales producciones musicales de gran valía.
Sin embargo, los músicos no son los principales beneficiarios, Litto Nebbia manifestó a través del diario Página 12 que "El artista siempre es perjudicado a través del tiempo. Cuando no aparecen reediciones de sus trabajos creativos, pierde de cobrar sus royalties discográficos. Si es autor, también se debilita el cobro de sus ingresos autorales. Pero lo más grave es que, en algunos casos, ha ocurrido que el manipuleo sobre la no edición de una obra es lo más parecido que hay al término “que te borren del mapa”.
El reclamo de muchos artistas se debe a que quedan sin poder sobre sus obras una vez que finaliza el contrato con las discográficas, que deciden de forma unilateral las reediciones y el uso de material grabado, no respetando en ocasiones el arte original o incluyendo las canciones en compilados u otro tipo de emprendimientos, por ejemplo. Además de percibir magros o nulos ingresos por la comercialización de esos álbumes al ser colocados nuevamente en el mercado local e internacional.
La nueva legislación tampoco se refiere a la gran cantidad de registros que no son publicados nuevamente en formato de CD por representar una gran negocio poco rentable para las empresas pero que tienen un gran valor histórico y cultural, de esta forma descansan antológicas grabaciones del Tango, el Folklore y el Rock, sin que los masters originales puedan estar en manos de los artistas o de sus herederos para que decidan el destino de los mismos como ocurre en otros países. Los pocos discos que se salvan del ostracismo pertenecen a músicos populares recientemente desaparecidos como Sandro y Mercedes Sosa, resultantes del oportunismo comercial.
La Ley se quedó a mitad de camino, protege mas a las compañías discográficas pero bastante menos a los artistas y sus obras.


